La Virgen de los Ojos Grandes

Cuando la fe precede al nombre

Baja para continuar

En verano, con las ventanas abiertas, las explicaciones de los guías que acompañan a los visitantes por la ciudad llegan con facilidad hasta el interior de la Catedral.

Desde la plaza de Santa Maria señalan un punto muy concreto del templo. Hablan de la capilla de la Virgen de Ojos Grandes... los visitantes levantan la vista, escuchan la explicación, hacen alguna fotografía y continúan la visita.

Y siempre pienso lo mismo...

Qué dificil es resumir en unos minutos una historia que esta ciudad lleva escribiendo desde tiempos muy antiguos. Porque detrás de ese nombre hay mucho más que una imagen.

Hay una ciudad que, generación tras generación, quiso acudir a María en la alegría y en la dificultad. Hay una devoción que fue creciendo con e paso del tiempo hasta dar lugar a la Virgen de los Ojos Grandes.

Hay una imagen que ha acompañado a los lucenses durante siglos y una capilla que transmite, a través del arte, una historia de fe.

También hay reyes que rezaron ante ella, artistas que levantaron una de las grandes obras del barroco gallego y documentos que, siglos después, nos permiten reconstruir esa memoria. 

Este recorrido no pretende contarlo todo... pero quiere ayudarte a descubrir cómo una constante devoción a María fue dando forma a una de las historias más singulares de la Catedral de Lugo.

Porque la Virgen de los Ojos Grandes no es el comienzo de la historia. Es fruto de una historia que comenzó mucha antes. 

Bienvenido, la visita acaba de empezar.

(CC)" María José Campo López-Barcia" 28.07.2026

¿Por qué la llaman Virgen de los Ojos Grandes?

Si uno pregunta a cualquier lucense —o a cualquier visitante que pase por aquí— por qué la Patrona de la ciudad recibe el nombre de Virgen de los Ojos Grandes, la respuesta suele llegar enseguida.

— ¡Porque tiene los ojos grandes!

Y, además, marrones.

Pero la explicación, por obvia que parezca, adolece de un pequeño problema.

Durante siglos nadie la llamó así.

Hay un dato que ayuda a comprenderlo. Desde hace casi novecientos años, la Catedral de Lugo está dedicada a Santa María bajo la advocación de la Asunción. Desde sus orígenes, generaciones de lucenses han acudido a este templo para rezar ante la Virgen, celebrar sus fiestas y poner bajo su protección la vida de la ciudad.

Los documentos más antiguos no hablan, por tanto, de la Virgen de los Ojos Grandes. Hablan simplemente de Santa María de Lugo. La advocación de la Asunción ha permanecido inalterada como dedicación de la Catedral, mientras que la expresión Virgen de los Ojos Grandes fue imponiéndose poco a poco en la devoción popular para designar a la imagen que hoy veneran los lucenses. Las investigaciones más recientes sitúan esa consolidación a partir de la Edad Moderna.

No conocemos el momento exacto en que alguien pronunció por primera vez ese nombre. Tampoco existió un decreto que decidiera sustituir una advocación por otra.

Como sucede tantas veces en la historia, fue la propia devoción popular la que terminó encontrando las palabras con las que expresar una realidad que llevaba siglos viva en Lugo.

Y, con el paso del tiempo, la ciudad terminó llamándola por aquello que más había contemplado: su mirada.

¿Por qué precisamente los ojos y no cualquier otro rasgo de la imagen?

La documentación no permite responder con absoluta certeza. Pero sí ofrece algunas pistas sugerentes.

En 1726, el jesuita Juan de Villafañe describía la imagen deteniéndose precisamente en su mirada. Habla de un rostro sereno, de unos ojos grandes y vivos, del Niño apoyando su mano sobre el pecho de la Madre y de una imagen que transmite una especial cercanía. Escribe, además, en un momento en que la devoción a la Virgen vivía uno de sus periodos de mayor esplendor y en el que comenzaba a levantarse la magnífica capilla barroca que hoy la acoge.

No deja de llamar la atención que, entre todos los rasgos de la escultura, fuera precisamente la mirada la que terminara identificando a la Patrona de Lugo.

Quizá porque las advocaciones no nacen únicamente para distinguir una imagen.

Nacen cuando un pueblo encuentra las palabras con las que expresar su experiencia de fe.

Lugo comenzó a llamarla Virgen de los Ojos Grandes.

Y ese nombre ha atravesado los siglos.

Pero la historia de esta devoción comenzó mucho antes de que existiera esa advocación. Comenzó con una Catedral dedicada a Santa María y con una ciudad que, desde hace casi nueve siglos, ha confiado su vida a la Virgen.

Antes de la Virgen de los Ojos Grandes estuvo Santa María de Lugo.