Siglo XVIII
El Barroco, un lenguaje al servicio de la fe
En el siglo XVIII, el Barroco concebía el arte como un lenguaje al servicio de la fe. La arquitectura, la escultura, la pintura y la luz dejaban de ser elementos independientes para integrarse en un único conjunto, capaz de enseñar, emocionar y conducir a la contemplación.
No se trataba únicamente de embellecer un espacio, sino de hacer visible un mensaje. Cada forma, cada imagen y cada destello de luz debía participar de una misma narración.
Eso era precisamente lo que buscaba el Cabildo. La nueva capilla no debía ser solo más hermosa que la anterior: debía convertirse en una auténtica catequesis, un espacio donde todo ayudara a comprender el lugar de María en la historia de la salvación.
Desde allí, la presencia de la Virgen debía conducir siempre la mirada hacia Cristo, centro y sentido de todo el conjunto.