La Capilla

¿Por qué es barroca?

Baja para continuar

A comienzos del siglo XVIII, el Cabildo de la Catedral de Lugo tuvo que afrontar una decisión que marcaría para siempre la historia del templo. Durante siglos, la devoción a la Virgen de los Ojos Grandes había ido creciendo generación tras generación.

La antigua capilla de San Miguel había acogido ese culto desde el siglo XVI, pero ya no expresaba la importancia que la Patrona había alcanzado en la vida de la Iglesia lucense.

No se trataba simplemente de disponer de un espacio más amplio.

 

Se trataba de ofrecer a la Virgen un lugar que  estuviera a la altura de una devoción que formaba parte de la identidad de Lugo y que, al mismo tiempo, dialogara con la propia Catedral.

La solución no consistía en romper con el templo medieval, sino en continuar su historia. A lo largo de los siglos, la Catedral había ido incorporando nuevos espacios para responder a las necesidades de la liturgia y de la vida de la Iglesia

Ahora era la devoción a la Virgen la que pedía una nueva respuesta.

El momento histórico también era el adecuado...

El Barroco, un lenguaje al servicio de la fe
Interior barroco de la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes

Siglo XVIII

El Barroco, un lenguaje al servicio de la fe

En el siglo XVIII, el Barroco concebía el arte como un lenguaje al servicio de la fe. La arquitectura, la escultura, la pintura y la luz dejaban de ser elementos independientes para integrarse en un único conjunto, capaz de enseñar, emocionar y conducir a la contemplación.

No se trataba únicamente de embellecer un espacio, sino de hacer visible un mensaje. Cada forma, cada imagen y cada destello de luz debía participar de una misma narración.

Eso era precisamente lo que buscaba el Cabildo. La nueva capilla no debía ser solo más hermosa que la anterior: debía convertirse en una auténtica catequesis, un espacio donde todo ayudara a comprender el lugar de María en la historia de la salvación.

Desde allí, la presencia de la Virgen debía conducir siempre la mirada hacia Cristo, centro y sentido de todo el conjunto.