La Virgen de los Ojos Grandes

Siempre estuvo donde hoy la encontramos

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Hay espacios que terminan pareciéndonos inevitables. Cuesta imaginar que alguna vez fueron distintos. Y, sin embargo, las ciudades cambian. También las catedrales.

Quien entra hoy en la Catedral de Lugo dirige casi sin pensarlo los pasos hacia la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes. Su presencia en el centro de la girola parece tan natural que cuesta imaginarla en otro lugar.

Pero durante buena parte de su historia no fue así...

La primera ubicación conocida de la imagen fue la Capilla Mayor, el corazón litúrgico de la Catedral. Allí permaneció hasta que, en algún momento de mediados del siglo XVI, fue trasladada a la capilla que hoy conocemos como San Miguel.
No sabemos con certeza qué motivó aquel cambio. La documentación conservada no permite responder a todas las preguntas. Pero sí ayuda a comprender algo importante: las catedrales no son edificios inmóviles. Son lugares vivos, que se transforman para responder a las necesidades de la liturgia, de la comunidad cristiana y de las distintas formas de vivir la fe. También la Catedral de Lugo fue cambiando con el paso de los siglos, dejando que cada generación plasmara en ella la huella de su fe. La antigua capilla de San Miguel se convirtió entonces en el principal centro de la devoción a la Virgen. Allí recibió un nuevo retablo en 1655 y allí comenzó una etapa decisiva para su culto Ese mismo año, el Cabildo declaró a la Virgen de los Ojos Grandes especial Patrona de la Iglesia de Lugo y acordó que su capilla, su altar, la imagen y todo lo perteneciente a su culto no podrían venderse, cederse ni enajenarse «para siempre jamás».
Una nueva etapa para la Virgen de los Ojos Grandes
Detalle de la Virgen de los Ojos Grandes

Una nueva etapa para la Virgen de los Ojos Grandes

A partir de entonces, sería también el propio Cabildo quien asumiría el cuidado de la capilla, del retablo, del ornato y de cuanto fuera necesario para honrar a la Patrona, impulsando una devoción que no dejaría de crecer.

Aquella decisión no fue el final de la historia, sino el comienzo de una nueva etapa. La Virgen ocupaba ya un lugar central en la vida religiosa de la ciudad, y la antigua capilla había dejado de expresar la importancia que aquella devoción había alcanzado entre los lucenses.

La respuesta llegaría pocas décadas después. Lugo decidió emprender la construcción de un nuevo espacio para la Virgen de los Ojos Grandes, un proyecto que transformaría para siempre el corazón de la Catedral.